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Efectos del horario de invierno: la importancia de la luz solar

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A medida que febrero llega a su fin, los días se resisten a ceder terreno a la oscuridad y nos regalan preciosos minutos de luz solar, un tesoro que debemos valorar, especialmente las personas mayores. La luz del sol es una fuente vital que influye en nuestra salud, y a menudo pasamos por alto su importancia en nuestro día a día.

El horario de invierno y su impacto en el bienestar

La llegada del horario de invierno, con sus días más cortos, puede ser un desafío para muchos, pero especialmente para las personas mayores, cuyos cuerpos y mentes pueden ser más sensibles a los cambios en la luz solar. Y es que la reducción de horas de luz puede alterar nuestro ritmo circadiano, ese reloj interno que regula nuestros ciclos de sueño y vigilia y que se sincroniza con la luz solar. Cuando este reloj se desajusta, podemos experimentar dificultades para dormir, sentirnos cansados durante el día o incluso sufrir cambios en nuestro estado de ánimo.

La falta de luz solar también puede afectar nuestros niveles de vitamina D, un nutriente esencial para mantener los huesos fuertes, los músculos en buen estado y un sistema inmunológico resistente. La vitamina D se produce principalmente en nuestra piel cuando nos exponemos al sol, por lo que la falta de luz solar puede provocar una deficiencia, especialmente en personas mayores que pasan menos tiempo al aire libre.

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A medida que febrero llega a su fin, los días se resisten a ceder terreno a la oscuridad y nos regalan preciosos minutos de luz solar, un tesoro que debemos valorar, especialmente las personas mayores. La luz del sol es una fuente vital que influye en nuestra salud, y a menudo pasamos por alto su importancia en nuestro día a día.

El horario de invierno y su impacto en el bienestar

La llegada del horario de invierno, con sus días más cortos, puede ser un desafío para muchos, pero especialmente para las personas mayores, cuyos cuerpos y mentes pueden ser más sensibles a los cambios en la luz solar. Y es que la reducción de horas de luz puede alterar nuestro ritmo circadiano, ese reloj interno que regula nuestros ciclos de sueño y vigilia y que se sincroniza con la luz solar. Cuando este reloj se desajusta, podemos experimentar dificultades para dormir, sentirnos cansados durante el día o incluso sufrir cambios en nuestro estado de ánimo.

La falta de luz solar también puede afectar nuestros niveles de vitamina D, un nutriente esencial para mantener los huesos fuertes, los músculos en buen estado y un sistema inmunológico resistente. La vitamina D se produce principalmente en nuestra piel cuando nos exponemos al sol, por lo que la falta de luz solar puede provocar una deficiencia, especialmente en personas mayores que pasan menos tiempo al aire libre.